Semana de Arte Moderna de 1922



Implicancias de la Semana de Arte Moderna de 1922 de Sâo Paulo
en el pensamiento latinoamericano desde una mirada rioplatense.
Por  Alejandro F. Della Sala


“Queremos luz ,ar, ventiladores,aeroplanos, reivindicaçôes obreiras, idealismos, motores, chaminés de fábricas,sangue, velocidade, sonho em nossa arte. Que o rufo de um automóvel, nos trilhos de dois versos, espante da poesia o último deus homérico, que ficou anacronicamente a dormir e a sonhar, na era do jazz band e do cinema, com a flauta dos pastores da Arcádia e os seios divinos de Helena.”
Menotti Del Piccia
[1]


I-Introducción – Marco Teórico Referencial:

La Revolución Rusa de 1917 vino a alterar el pensamiento mundial entre aquellos que comulgaban con el comunismo y pensaban que un cambio en los modos de producción podría acelerar el ideal de la igualdad de clases sociales, los que soñaban con un capitalismo de mercado como herramienta todavía útil de crecimiento social esperanzador, y los que no creían en el sistema de mercado pero que no comulgaban con el comunismo ni sus ideólogos, dejando abierta la posibilidad de creación de otros sistemas de tipo autocráticos – léase fascismo y nacionalsocialismo- donde el Estado era el creador de normas de conducta y de formas de pensar dirigidas desde el poder político.
La cuestión social también se irradia fuertemente en el ámbito latinoamericano, principalmente a través de los intentos de reforma agraria en México y la idea de plasmarla en su Constitución de 1917. En efecto, la reforma agraria aparecía como un reflejo de lo que estaba sucediendo en Europa, ejerciendo también una influencia importantísima en todo el continente americano.
Algunos pensadores sostienen que esa revolución se desdobló en las luchas revolucionarias de la década de 1910, las luchas por la creación del Estado moderno, nacional y democrático reflejado en la Constitución de 1917. Dicha Constitución afirmaba el principio de reforma agraria, la propiedad nacional de los mineros y las riquezas nacionales y sostenía básicamente al Estado como regulador de la economía y del progreso vinculado a las transformaciones sociales, económicas y políticas. La influencia del ideario de la Revolución Mexicana vino a tomar fuerza principalmente durante el gobierno de Cárdenas en 1930, donde se desarrollaron ideas cooperativistas inspiradas en la Revolución Rusa.[2]
Terminada la Primera Guerra Mundial, se organiza la Sociedad de las Naciones con el objetivo de evitar futuras guerras aunque sin otorgarle poder para aplicar sanciones a los Estados que intentaran quebrar la paz internacional. A la sazón, también se firma el Tratado de Versalles por el cual se le impone a Alemania una serie de condicionamientos, entre ellos, la prohibición del rearme.
Aunque el impacto de dicha guerra repercutió en la conciencia latinoamericana de manera colateral, dicho acontecimiento, no dejó de estremecer fuertemente la cosmovisión de los intelectuales criollos, ya que muchos de ellos, veían a Europa en general como la madre patria o bien su fuente de inspiración directa. Nótese que las oleadas inmigratorias ya se venían realizando desde fines del siglo XIX, al menos en la Argentina y en el Brasil principalmente después de la caída del imperio de don Pedro II, el nacimiento de la República y con la promoción de la industria del café en lo que hoy son los estados de San Pablo y Río de Janeiro.
En este marco circunstancial, un grupo de artistas e intelectuales que habían viajado por Europa incorporando las percepciones del arte del viejo continente, consideraban que resultaba necesario cambiar el modo de percibir la realidad en la región latinoamericana, en especial desde el Brasil de ese entonces.
Ya desde comienzos del siglo pasado se instaló en París un joven inquieto por las luces del futuro, Enrique Santos Dumont, de padre francés y nacido en el estado de Minas Gerais, el cual sostenía desde muy pequeño, que el hombre también podía volar como los urubús y las cárcaras –pájaros autóctonos del Brasil- y además fue el primero en el mundo en volar con un globo aerostático movido por un motor a explosión en 1897, pese a lo que muchos sostenían, que el bautismo en el aire le pertenecía a los hermanos Wright[3]
Tanto los horrores de la Primera Guerra Mundial donde se habían utilizado en forma masiva gases tóxicos y muchos de los combatientes quedaron ciegos, entre otro tipo de dolencias y el hambre del pueblo ruso que se potenciaba por la salida de la guerra y se esperanzaba con un nuevo sistema político de gobierno, provocaron tanto en artistas brasileños como en los de argentina y el cono sur en general, un cambio en la manera de ver el mundo. Se produce en tal sentido, una especie de vuelta a la raíces culturales de cada pueblo, un retorno a lo telúrico sin desconocer los avances de la modernidad que impactaba tanto en vidas ajenas como en propias.
Impresionado así por los horrores de la guerra, el modernista pionero de la aviación mundial don Alberto Santos Dumont, casi un visionario si lo comparamos con los atentados a las torres gemelas de 2001, bregaba para que la Liga de las Naciones – un similar a la actual Organización de las Naciones Unidas- prohibiera el uso de aviones como arma de guerra. Lamentamos que desde Latinoamérica toda, no se haya hecho un homenaje conjunto a este padre de la aviación moderna, al menos desde lo simbólico, por ejemplo que más de un aeropuerto lleve su nombre o algún tipo de recordatorio en tal sentido.
Ya no era la Europa que se idealizaba "a la francesa" desde esta parte del globo terráqueo, sino que también eran los desastres provocados por el hombre y las injusticias sociales que salían a flote después de tanto sufrimiento irradiado por la guerra. Era también el crecimiento de la producción en masa, la especulación financiera y las consecuencias en la población, por ejemplo con el impacto de la crisis de 1929 en Estados Unidos.
Una generación de artistas, inventores, militares y estudiantes, sacudida por lo sucedido en la Primera Guerra Mundial y la letárgia de la república que precedió al imperio, se rebela contra los cánones aristocráticos que dominaban la política y el pensamiento brasileño. Así surge la Semana de Arte Moderna de 1922, seguida por revueltas militares de 1922, 1923 y 1924 en Río de Janeiro –lo que se denominó como "tenentismo"- Río Grande do Sul y San Pablo respectivamente.[4]

En la Argentina, el escritor Leopoldo Lugones hablaba de "la hora de la espada" lo que desembocó en la caída del gobierno democrático de don Hipólito Irigoyen por causa del golpe militar de 1930. En Brasil, un grupo de políticos, pensadores y militares – básicamente los mandos medios, los tenientes y las policías estaduales- apoyaban la instauración de un Estado Novo de Getulio Vargas, también hombre gaúcho de Säo Borja (Rio Grande do Sul) dando fin de alguna manera a la oligarquía – café con leche- como se le decía, articulada desde el eje constituido por los Estados de Sâo Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais.[5]
Con la intención de mostrar esas nuevas tendencias que ocurrían en Europa pero desde una perspectiva latinoamericana, se organiza la Semana de Arte Moderna en el Teatro Municipal de Sâo Paulo en 1922. Era un momento clave, que había que abandonar viejos valores estéticos, para promover un estilo que se podría resumir en una vuelta a una estética nacional para deglutir lo viejo para que naciera un nuevo hombre, un hombre autóctono síntesis de etnias y con pensamiento propio pero sin dejar de ser influenciado por los grandes acontecimientos del siglo pasado que atravesaban de norte a sur, no sólo la sociedad latinoamericana, sino el mundo todo.
De esa manera participaron de la Semana de 1922, escritores modernistas como Oswald de Andrade –luego marido de Tarsila do Amaral- , Manuel Bandeira; Guillermo de Almeida y Monteiro Lobato, con su fascinación por el automatismo norteamericano y el milagro de Henry Ford. También pueden ubicarse en dicha corriente de pensamiento, aunque colateralmente a Gilberto Freyre y Jorge Amado. En la pintura, se destacaron Anita Malfati, Tarsila do Amaral y Cándido Portinari, el arquitecto Oscar Niemeyer entre otros, junto al gran volador futurista y humanista Santos Dumont.

Con relación a Tarsila do Amaral y sus amigos, podemos decir que se preocupaban en mostrar a través de su arte, la mecanización de los seres humanos por causa del crecimiento irracional de las ciudades, con sus rascacielos y fábricas. También estaban imbuidos de un sentimiento nacionalista ya que pensaban que el arte brasileño debía buscar sus raíces.[6]

"Carnaval en Madureira"
En la pintura "Carnaval en Madureira", por ejemplo, Tarsila se preocupó en mezclar la Torre Eiffel con paisajes del samba envolvente del Brasil. Con Europa e ibero América juntas, Tarsila se esforzaba por mostrar al mundo, un Brasil simple y puro en el marco de un clima de exaltación de la naturaleza. Sus pinturas reflejaron diferentes fases como la "pau Brasil" donde exaltaba la naturaleza, la "antropofágica" donde pretendía mostrar el espíritu de la época de querer volver a las raíces del Brasil y también la "fase social" que tal como a Cándido Portinari y podríamos decir a Antonio Berni en la Argentina, la cuestión de los operarios, la relación con las máquinas, los niños desamparados por la miseria, - "Juanito Laguna" de Berni es un ejemplo de ello- y las desigualdades sociales los habían marcado mucho, cuestión que se observa nítidamente en todas sus producciones artísticas.[7]


Es que, la Semana de 1922 como se la denominaba en ese entonces, significó también una renovación del lenguaje, incorporándose al repertorio habitual, palabras nuevas que implicaban crecimiento, desarrollo e independencia, no solamente política sino mental y moral de todo aquello que se consideraba arcaico, por ejemplo a través de la influencia del futurismo, el expresionismo, el fauvismo, y el musicalismo entre otros. Por ejemplo, Menotti del Picchia publica "Juca Mulato", un canto de despedida a la era agraria, ante la irrupción de la urbanización naciente. Por su parte, Oswald de Andrade que fuera marido de Tarsila -"Tarsiwald" les han llegado a decir en el ambiente artístico de ese entonces- sostenía que el centenario de la independencia del Brasil debía ser más que nada de tipo moral y mental, para romper con las viejas estructuras de pensamiento.[8]


En igual sentido, el escritor Monteiro Lobato, criticaba las prácticas agrícolas predatorias y las miserables condiciones de vida de los trabajadores convirtiéndose en un verdadero polemista social, criticando básicamente el atraso de su país de la época en análisis (aproximadamente de 1914 a 1927). A la sazón, tenía fascinación por los Estados Unidos y veía a Henry Ford como el "Jesucristo de la industria" del cual traduzco dos de sus obras. Lobato había escrito una novela futurista "El presidente negro o el choque de razas" que sucedía en los Estados Unidos durante los años 2228, destacando el uso acertado de métodos eugenésicos, las vacaciones matrimoniales como método de solución de los conflictos de alcoba y se creaba a la sazón una nueva ciudad, Erópolis . Por otra parte, el escritor en comentario sostenía que el Brasil debía ambicionar una economía industrial y que rápidamente debía invertir en acero y petróleo.[9]
Asimismo, Gilberto Freyre como otro de los más grandes intelectuales de esa época, había estudiado en los Estados Unidos y escribe entre otras cosas, la obra que es clave en la historiografía y sociología brasileña, Casa Grande y Senzala en 1933 donde interpreta el pasado brasileño, destacando el pasado indio y negro y que el europeo se había misturado con aquellos en una suerte de "lusotropicalismo" evolucionista. Describe además, la estructura esclavista del Brasil y la compara con el "Deep South" estadounidense estableciendo diferencias y contrastes entre una sociedad y otra.[10]
 
En definitiva, la Semana de Arte Moderna nacida en el teatro municipal de San Pablo e irradiada a todo el continente, resaltó los valores nacionales y articuló esencialmente una visión futurista del mundo, lo que sirvió para potenciar la aparición de otros movimientos como el tropicalismo y en lo político contribuyó a fortalecer las raíces del Brasil y el desarrollo de una visión cosmopolita y moderna para la construcción de un país más integrado por ejemplo a través del planeamiento de la construcción de Brasilia.


II.- Presente del futuro y pasado del presente- una visión rioplatense: 
Ya en el año 2007, encuentro el cuadro original "Abaporou" u "hombre que come carne humana" de Tarsila do Amaral en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). No sé si dicho cuadro fue el instigador para escribir estas líneas o más bien el abordaje de la Semana de 1922 en mis cursos de portugués, pero lo cierto es que dicha autora a la cual admiro desde lo artístico, junto al neocriollismo de Xul solar y algunos trabajos de Antonio Berni han provocado en mi una verdadera revolución modernista, en el sentido de aquellos artistas de la Semana de San Pablo, es decir, romper con lo viejo para incorporar una visión nacional en cada una de nuestras apreciaciones u obras.

 
"Abaporou" -
Tarsila do Amaral
A tal fin, en una de las paredes del MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) que es un verdadero museo de estilo arquitectónico modernista digno de conocer y referente artístico a nivel planetario, se podía leer lo siguiente: " Modernidades y Vanguardias. Desde 1910, los artistas latinoamericanos viajan con frecuencia a Europa y se establecen en ciudades como Paris, Madrid, Barcelona, Berlín, Florencia y Milán. Entran en contacto con las vanguardias europeas y participan de sus circuitos de exposiciones y debates. El argentino Emilio Petorutti, el uruguayo Rafael Barradas y el mexicano Diego Rivera entre otros, trabajan cercanos al expresionismo, el cubismo y el futurismo. Los artistas insisten sobre la autonomía del arte y proponen a través de obras y manifiestos, diferentes imágenes que se alejan de la pintura y la escultura como modos de representación de la realidad. Paisajes, figuras y vistas urbanas son elaboradas acentuando, por diferentes vías, el uso de mecanismos racionales, emocionales, sensoriales o simbólicos. Desde principios de los años 20, muchos de ellos van regresando a sus países de origen. Allí se transforman en protagonistas de diferentes reacciones contra la academia y participan de las batallas entre lo tradicional y "lo nuevo". El neocriollismo de Xul Solar en Buenos Aires y la antropofagia, con Tarsila do Amaral, en San Pablo, son dos buenos ejemplos de las vanguardias surgidas en América Latina. Otros artistas como Alfredo Guttero, Pedro Fìgari, Emiliano Di Cavalcanti, Miguel Covarrubias y Amélia Peláez, muestran la diversidad de las modernidades regionales y de las asimilaciones de lo nuevo. Joaquín Torres-García, protagonista en Paris del arte concreto, propone en 1931 su universalismo constructivo, combinando una estructura abstracta de horizontales y verticales con un repertorio de símbolos de diversas procedencias. " 

Fuente: una pared del Malba donde se muestra el "Abaporou" de Tarsila de Amaral, visitado el.15/9/07
Uno de los representantes de la vanguardia en américa latina lo fue sin dudas, Alejandro Xul Solar, pintor, escritor, músico, astrólogo y lingüista entre otras cosas, amigo de Jorge Luis Borges. El autor en comentario, también fue influenciado por el modernismo del Brasil y consideraba a la sazón que el pintor debía traer, convocar a la realidad mediante símbolos y formas extrañas y vivaces. De ahí el amor de este pensador por la historia de las religiones, los mitos antiguos, la filosofía hermética y el simbolismo astrológico y cabalístico. También integró la vanguardia de la revista Martín Fierro, donde también compartió doctrina con Macedonio Fernández, Borges y Girando. Asimismo, provoca impresión desde lo artístico a escritores como Leopoldo Marechal, donde cita en su obra Adán Buenos Aires al pintor visionario como el astrólogo Schulze, donde menciona a Cacodelphia como ciudad de la tribulación y del sufrimiento y su contraparte, Calidelphia como la ciudad celestial. Comparte con Emilio Petorutti esa pasión por lo moderno, aunque consideramos que comparte como pocos el calificativo de "pintor del misterio".[11]
Otro sinónimo de modernismo a nuestro modo de ver fue la construcción del al ciudad de La Plata como capital del estado provincial de Buenos Aires; si bien ésta fue construida a fines del siglo XIX, la idea de tener un trazado moderno a base de diagonales, parques y estructuras arquitectónicas que escapaban al estilo europeo clásico, fundamentan lo que venimos sosteniendo hasta ahora de que existía una especie de "revolución moderna" en el ambiente latinoamericano.
En la Argentina de los años 60, dos fenómenos culturales tomaron de alguna manera la vanguardia cultural modernista. Uno fue la revista Primera Plana que, desde mediados de 1964 con don Jacobo Timmerman a la cabeza, impuso nuevas costumbres, descubrió a los nuevos talentos de la literatura, la música y la pintura, y hasta influyó sobre la moda, el habla y la sexualidad. El otro fenómeno fue el Instituto Di Tella, que dio cabida a todas las formas de renovación de la cultura, en especial en las artes plásticas, la música y el teatro. Al respecto, en "el Di Tella", como se lo denominaba popularmente -apelativo que también se asociaba con los taxis y las heladeras de esa marca- desembarcaron de un modo u otro todas las manifestaciones del pensamiento. Tanto la revista Primera Plana como el Di Tella han sido objeto de todo tipo de censura durante la dictadura de Juan Carlos Onganía (1966-1970) y por lo tanto, ya nada volvió a ser lo mismo.[12]
Para concluir este punto, podemos decir que el Instituto di Tella en nuestro país de la década de los 60 también receptó muchas de las ideas modernistas de la aludida Semana de San Pablo de 1922. Artistas de la talla de Marta Minujín y Rubén Santaonín son un ejemplo de ello. En Uruguay podríamos traer al pintor Carlos Páez Vilaró, quien también tomó muchas ideas de este movimiento modernista, lo cual se ve reflejado en nuestro modo de ver tanto en su casa construida como un hornero porque parece moldeada a mano en Punta Ballena a orillas del mar en el departamento de Maldonado, como en sus obras artísticas.
También el hermano de Carlos, lamentablemente hoy fallecido, Rodolfo Páez Vilaró con su Museo de Arte Latinoamericano en la ciudad de Maldonado fue otro indicador de esa época, al promover las artes de esta región del continente como fiel ejemplo de la influencia modernista en el Río de la Plata.
III.- La semana de 1922, Brasilia como ciudad futurista y el tropicalismo:
Y la Semana de 1922, también influenció fuertemente en pensadores y políticos del escenario brasileño de ese entonces. No nos olvidemos por ejemplo de la idea de construir una capital federal en el medio de la nada como fue la ciudad de Basilia, desde el apoyo político de Kubitscheck con su desarrollismo modernista, y sus dos grandes mentores tanto desde la arquitectura como de la simple creatividad puesta al servicio de un sueño, el gran Oscar Niemeyer y Lucio Costa. Nótese que el mismo estilo modernista de Niemeyer influenciado fuertemente por el movimiento Bauhaus, también se vio reflejado en el edificio de la Organización de las Naciones Unidas, la cual también posee un gran mural de otro modernista Cándido Portinari en su interior. Podríamos sostener que hacia mediados del siglo XX el mundo pasaba por un momento de cambios profundos en sus estructuras políticas y sociales, nótese que se salía de la segunda guerra mundial y de sufrir los efectos de la investigación y desarrollo de la energía nuclear para la destrucción total. Las dos bombas de Hiroshima y Nagasaki son un fiel reflejo negativo del modernismo.
Entendemos que la construcción de Brasilia fue la idea de varios soñadores "modernistas" que desde muy entrado el siglo XIX con la misión Crulz buscando un territorio con mucho agua y naturaleza virgen que se ubicase lejos de la costa marítima para trasladar la capital de un país, hasta la idea materializada a mediados del siglo XX de efectivización de ese sueño hecho realidad.
No descontamos entonces que la Semana de Arte Moderna de 1922 ha influenciado positivamente en varias elites de Latinoamérica para la creación de cosas nuevas y revolucionarias.
En cuanto al Tropicalismo o Tropicalia, se configuró a diferencia de la bossa nova, como movimiento cultural trascendiendo lo meramente musical básicamente durante la década de los 60 y era una forma de pensar críticamente el arte y la cultura brasileña. Se trata de un movimiento que rompe con la idea de movimiento, ya que a diferencia de las vanguardias que postulaban la ruptura con lo tradicional, la tropicalia adoptó una actitud de incorporar repertorios de la música popular. Las canciones tropicalistas convergen en la poética de Oswald de Andrade en el sentido de incorporar el pasado al presente y de tratar con amor y humor diversas situaciones de lo cotidiano. Como decía Oswald, el "Manifiesto de poesía pau- brasil" sería lo mejor de nuestra tradición lírica con lo mejor de nuestra tradición moderna.[13]
En dicho movimiento participaron, desde los Centros Populares de Cultura (CPC) de 1960 en las universidades más importantes del Brasil, poetas como Torcuato Neto e Capinam, músicos de formación erudita como Rogèrio Duprat y Julio Medaglia y de extracción popular como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Tom Zé, el grupo Os Mutantes y hasta artistas plásticos como Rogério Duarte.[14]
Un autor también cantante de esa época, considera que Oswald de Andrade al lanzar el mito de la antropofagia, se apropiaba del ritual caníbal para las relaciones culturales internacionales. En tal sentido, la deglución del padre Pero Fernandez Sardinha por los indios es el fundamento de la nacionalidad, configurándose como la escena inaugural de la cultura brasileña.[15]
Sostiene al respecto el autor en análisis, que el canibalismo cultural se ajustaba de maravilla a los tropicalistas, al punto que "…Estábamos (comiéndonos) a los Beatles y a Jimi Hendrix."[16]
En síntesis, podemos concluir que la terminología utilizada por los tropicalistas de la década de los 60 es muy similar a los modernistas de 1922, por ejemplo el canibalismo cultural no es otra cosa que la antropofagia de Tarsila do Amaral, entre otros.
IV.- Articulando conceptos a modo de conclusión:
En este punto cabría preguntarnos cual sería la verdadera implicancia en el pensamiento latinoamericano de la Semana de Arte Moderna objeto de este análisis. Algunos pensadores como Franklin de Oliveira, consideran que en realidad la Semana de Arte Moderna de 1922, no ha dejado de ser una "revolución que no salió de los salones" y que los modernistas "no tomaran la máquina del tiempo para abofetearla como ella merecía".[17]
Además, Mario de Andrade consideraba que si bien los modernistas de 1922 no debían servir de ejemplo para nadie, no menos cierto es que pueden servir de lección para muchos, y en lo particular consideramos que, más que de lección los modernistas nos han servido para interpretar un momento de la historia de muchos cambios y proyectarlos incluso en el planeamiento urbano, como lo vimos con la construcción de la ciudad de Brasilia, en el pensamiento político de los desarrollistas de esa época y actualmente en muchas ideas que trascienden lo meramente formal.
Sin mengua de lo hasta aquí dicho, las principales ideas de "volver a las raíces" de cada pueblo o "volver a lo nacional" influyeron fuertemente en la política del Brasil principalmente desde los años 1930 en adelante y en la Argentina con el surgimiento del peronismo y previo a ello con " la hora de la espada" del escritor Leopoldo Lugones.
Asimismo, la construcción de Brasilia vino a formar parte de un icono fundamental en la historia del Brasil ya que movilizó recursos económicos y humanos cambiando la cosmovisión de muchas personas que querían participar en dicho proyecto y por ello se movilizaban al planalto central, no solamente en busca de trabajo sino también de búsqueda de sentido a la vida.
Así como Oscar Niemeyer y Lucio Costa con la influencia y la inspiración del suizo nacionalizado francés Le Corbusier junto a la escuela del Bauhaus, fueron los que articularon todo un movimiento transformador en la arquitectura y en la manera de ver el mundo, una idea no tan irracional podría ser la de volver a construir con ese espíritu modernista, la sede de las Naciones Unidas, no ya en un país de Europa occidental o en Nueva York, sino en América Latina. Si bien el lugar a construirla pasa a ser anecdótico y no es el sentido de estas líneas, lo cierto es que una inspiración a lo Brasilia como mito fundador, no le vendría nada mal, inclusive desde lo simbólico, a un organismo que cada vez parecería tener menos poder y por consecuencia, eficacia en el concierto mundial.
Y sin considerarse el traslado de ese organismo específico, podría pensarse en la creación o traslado de otros de tal carácter a otras regiones del mundo, hasta por una cuestión de facilitar el desarrollo económico de los países más avanzados en lo económico hacia otros de menor capacidad de desarrollo.
En la Argentina también vimos como la Semana de Arte Moderna de 1922 influenció directamente en los movimientos artísiticos vanguardistas como el "Di Tella" de la dècada de los 60-70.
En efecto, tanto la Semana de Arte Moderna de 1922 y como el Di Tella de alguna manera reflejaron una ruptura incesante de toda rutina o de mediocridad como forma de manifestación artística y de pensamiento. Durante ese tiempo en la Argentina se inauguró una muestra formidable de Julio Le Parc, que maravilló a Buenos Aires con sus joyas cinéticas, sobre las que tanto había escrito Julio Cortázar y donde la dictadura militar se desvanecía en el espejismo de una revolución cultural que se creia permanente y eterna. Porque como señalan algunos autores, ya nunca más seríamos los que éramos.[18]
Y para concluir, "Semeiophoros" es una palabra griega compuesta por otras dos: semeion. "señal" o "signo" y phoros, "traer para adelante", exponer, cargar, brotar, traer a fecundidad alguna cosa.[19] Si bien la autora lo utiliza para explicar el fenómeno de la nación como símbolo y señal para construir las raíces de un pueblo, nos pareció útil para hacer esta comparación. Un semeiophoro o si se quiere un semáforo, es una señal distintiva que puede servir desde para ordenar el tránsito hasta como significado, rastro o vestigio de algo o de alguien.
Por lo tanto, consideramos que la Semana de Arte Moderna ocurrida en el teatro municipal de Sâo Paulo en el año 1922, ha sido un verdadero semeiophoro o semáforo que ha indicado a la humanidad que tenía que fecundar alguna cosa o bien hacer un cambio en el modo de ver el mundo. Quizás parezca loca la idea pero cuánto necesitaríamos nosotros ahora –incluyendo a todo el espacio latinoamericano- de un acontecimiento movilizador como el analizado en estas líneas.
Fuentes consultadas:

[1] La autora, afirmaba que la estética del grupo debía ser de reacción por ello habla de esa manera expresando en cada palabra un modo de ver el mundo, Cfr. Semana de Arte Moderna (1922), www.pitoresco.com.br/brasil/textos/semana.htm, acc.25/09/07
[2] Cfr. DOS SANTOS, Theotonio, "O Desenvolvimento Latino-americano: Pasado, Presente e Futuro", GREMIMT, grupo de Estudo sobre Economia Mundial, Integração Regional & Mercado de Trabalho, pág. 4. (La interpretación del portugués me pertenece).

[3] Cfr. LOURDES, Carlos, Alberto Santos Dumont, Pioneiro da aviaçâo, www.vidaslusofonas.pt/santosdumont.htm, pág.3, acc.1/10/07)
[4] Cfr. SKIDMORE, Thomas E., O Brasil visto de Fora, Paz e Terra, Sao Paulo, 1994, pàg.12
[5] FAUSTO, Boris, DEVOTO, Fernando, Brasil e Argentina, Um ensaio de Historia comparada (1850-2002) Editora 34, Rio de Janeiro, 2004, pág. 242,243.-
[6] Cfr. BRAGA, Angela, REGO, Ligia, Tarsila do Amaral, Editora Moderna, São Paulo, Brasil, 2000, pág. 13.-
[7] Cfr. BRAGA, Angela, REGO, Ligia, Op. Cit. Passim.-
[8] Cfr. www.pitoresco.com.br/brasil/textos/semana/htm, pàg,2.-
[9] Cfr. SKIDMORE, Op.Cit. pág.42 y 43.- Decía el referido escritor modernista: "Siéntome encantado con América. El paìs en que soñaba.¡ Eficiencia! ¡Galope! ¡Futuro! ¡Nadie andando de espaldas!!" (LA interpretación del portugués me pertenece) Op.Cit. Ibídem.
[10] SKIDMORE, Op.Cit. ibídem.
[11] Cfr. Diario Clarín 25/06/2005, suplemento cultura, "El Brillante sistema Xul Solar". También se recomienda ver: http://www.temakel.com/xulart.htm.

[12] Cfr. ELOY MARTINEZ, Tomás, Historias del Di Tella, Diario La Nación, suplemento cultura, 1 de abril de 2007).-

[13] Cfr. CAMBRAIA NAVES, Santuza, Da Bossa Nova á Tropicalia, Zahar, segunda edición, Rio de Janeiro, 2001, pág.48. (La interpretación del português me pertenece).-
[14] Cfr. CAMBRAIA NAVES, Op. Cit. Passim.
[15] Cfr. VELOSO, Caetano, Verdad Tropical, Música y Revolución en Brasil, Salamandra Primera edición, Barcelona, España, 2004, pág. 213.-
[16] VELOSO, Caetano, Op.Cit., Ibídem.-
[17] Cfr. Semana de Arte Moderna, op.cit. pág.4 .-

[18] Cfr. ELOY MARTINEZ, Tomás, "Historias del Di Tella", Op. Cit. Passim.-

[19] Cfr.CHAUI Marilena, Brasil, Mito Fundador e sociedade autoritária, Perseu Abramo ed., Sâo Paulo, 2000, pág.11.
Nota final aclaratoria: El presente trabajo de investigación fue publicado en la Revista logogrifo de la Editorial Ala de cuervo de Venezuela en diciembre de 2007 cfr. www.logogrifo.com y elegido por la Fundación Oscar Niemeyer para integrar su archivo documentario (enero 2008).-
por Alejandro F. Della Sala
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